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Posibles inicios del Bio-gremialismo en Chile

Posted in 3.- Aprendiendo a ser bioemprendedor by latingene on 21 junio, 2010

Ya había pasado, según lo que había escuchado, por todas las fases de encanto y desencanto por las que uno pasa cuando estudia una carrera universitaria. Partí muy motivado, con excelentes notas y devorándome los libros. Luego, tuve un período de indiferencia, donde nada me motivaba e incluso busqué respuestas sobre mi destino y propósito en la vida a través de la meditación, el budismo y los estudios gnósticos. Luego, dudé profundamente si lo que estaba estudiando me podría servir para algo, o si alguna vez iba a ganar buen dinero, como para poder tener un buen pasar y criar una familia.

De a poco, todas esas dudas pasaron y cada vez me quedaba menos por terminar la carrera y luego de pasar  un verano sin pena ni gloria vuelvo a la Universidad y ¡TODO tenía sentido!. ¡El “ingrediente” que faltaba era la Difusión!. Nadie conocía lo que era la Biotecnología y por lo mismo, si no se conocía no se apreciaba, entonces, si no se apreciaba, ¿quién iba a saber que se necesitaba? y por ende ¿quién iba alguna vez a contratar a un biotecnólogo?

Sin más y con bastante entusiasmo, cité a una reunión-asamblea a todos los estudiantes de la carrera de Ingeniería en Biotecnología Molecular para proponerles que tomáramos cartas en el asunto y que fuéramos nosotros mismos los protagonistas de llevar el mensaje al mundo de que la Biotecnología es necesaria y valiosa.

Pegué carteles en la Facultad, mandé algunos correos electrónicos y crucé los dedos esperando que la invitación fuese tomada en cuenta. La recepción fue mejor de lo que esperaba y rápidamente formamos un equipo que trabajó por un par de años llevando el mensaje de la biotecnología a las personas comunes y corrientes, a autoridades y todo quien quisiera escucharnos. Así creamos el Comité de Difusión de Biotecnología, que luego, unos años después se convirtió en el Colegio de Biotecnólogos de Chile.

Una de las actividades más entretenidas y bien recordadas del Comité fue la gestión de un Stand interactivo en un famoso centro comercial (mall) de Santiago, donde por dos fines de semanas completos atendimos a más de mil de personas, que les mostramos con pendones, videos y experiencias científicas (como mirar a través de un microscopio) cómo se veía el mundo con los ante-ojos de lo bioetcnólogos y cómo esta disciplina podría tener un impacto positivo en su calidad de vida. Lo más memorable fue que prácticamente todo – desde el stand, el camión para moverlo, el equipamiento científico, los anfitriones y el lugar privilegiado donde nos instalamos en el centro comercial- fue conseguido a costo cero. Simplemente buscando apoyos de gente clave y manifestando el beneficio que esta iniciativa tenía para la comunidad.

Luego, y casi por consecuencia, un grupo de los participantes en el Comité canalizó sus intereses en crear algo más duradero y con repercusiones más allá del campus, así nació El Colegio de Biotecnólogos de Chile. Esta aventura, aún cuando tenía matices similares a la del Comité, era mucho más política en su naturaleza, más inclusiva y quizás más compleja en su manejo. Era algo nuevo para todos, pues nadie en el equipo había hecho esto antes. Lamentablemente el Colegio no duró mucho, pues era altamente dependiente de las actividades y empuje de sus fundadores, los que tarde o temprano, fuimos cayendo en la trampa de nuestras propias actividades laborales o de nuestros estudios de perfeccionamiento, lo que a la larga no nos permitió mantener esta iniciativa con vida.

Una de las actividades más entretenidas y memorables que hicimos con el Colegio fue coordinar una video conferencia con la afamada Académica de la Universidad de Cambridge, la Dra. Carlota Perez en conjunto con la Universidad Adolfo Ibañez. También asistimos como entidad invitada a sesiones especiales (sobre alimentos transgénicos) a la cámara de diputados y logramos armar, al menos en el papel, sedes regionales del Colegio en el Sur y Norte de Chile.

Con todo, pareciera que la necesidad de divulgación que tratamos de satisfacer a través de Comité, siempre fue bien recibida (todavía hay espacio para ese tipo de actividades en Chile), pero nunca fue fácil financiarla. Para el Colegio, en cambio, el punto que podría explicar por qué no perduró en el tiempo puede ser el enfoque que le dimos. Los fundadores creíamos que el Colegio debía enfocarse en resaltar los atributos y valores que un profesional asociado al mundo de la biotecnología podía aportar a la sociedad chilena, mientras que el “sistema”, incluido los miembros del colegio, veían a la institución como una entidad defensora de los intereses colectivos e individuales de los profesionales asociados a la biotecnología. Sin duda una diferencia no menor que tuvo sus consecuencias.

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